¿Quién después de Bolt?

DEPORTES 7-8-2017 Razon 39

Se cortaba la coleta, en la cima de su arte, Rafael Guerra «Guerrita». Era la última corrida de la temporada 1899 y los tribuletes preguntaban al maestro cordobés por la identidad de su sucesor. «Después de mí, naide. Y después de naide, Fuentes», dijo en referencia a Antonio Fuentes Zurita, un diestro sevillano más célebre a la postre por su faceta de ganadero que por su arte como matador. No es probable que Usain Bolt conozca la historia de la tauromaquia y ni siquiera es posible traducir al inglés la palabra «naide», pero el vacío que queda en los cien metros con su retirada es, igual que cuando Guerrita se fue, abisal.

En términos cronométricos, la ausencia de Bolt de las pistas se mide con la diferencia entre su récord del mundo y el segundo mejor marquista de la historia, su compatriota Yohan Blake: once centésimas que en poco más de nueve segundos y medio suponen una enormidad, aunque señalarían directamente al primer candidato a detentar el cetro de la velocidad en la era post-Usain. A sus 27 años, mostró una gran madurez en las semifinales de anteayer en Londres pero una mala salida en la final le impidió subirse al podio.

El nombre de Blake, sin embargo, estará en todas las quinielas a partir del próximo Mundial. No en vano, ha sido el único atleta que ha ganado un oro planetario en 100 durante la era Bolt, ya que fue el campeón en Daegu 2011, cuando el mito se derrotó a sí mismo al hacer una salida nula. En la década que va desde el título de Tyson Gay hasta el logrado ahora por Justin Gatlin, dos estadounidenses convictos de dopaje, Jamaica ha copado las primeras plazas gracias a Blake, que en Corea mantuvo a raya a Walter Dix, uno de esos velocistas americanos que irrumpen ruidosamente en la escena y desaparecen enseguida como una pompa de jabón, y al longevo Kim Collins.

Dopaje

Quien con toda seguridad no merece permanecer mucho tiempo en el trono de Bolt es Justin Gatlin, su inesperado verdugo. Campeón olímpico en 2004 y mundial en 2005, el esprínter de Brooklyn ha purgado dos sanciones por dopaje, un año en 2001 y cuatro en 2006. Después de lo cual, con los 33 cumplidos, corrió más rápido que nunca, una marca de 9.74 de todo punto increíble para quien jamás había bajado antes de 9.80, ni siquiera con la comprobada ayuda farmacológica. Es como si el Alberto Contador actual, veterano y sin el proveedor cárnico de antaño, escalase el Angliru más rápido que cuando se zampaba aquellos entrecots mágicos.

Entre los jóvenes, André de Grasse fue designado por el mismísimo Bolt en aquella carrera de los Juegos de Río en la que ambos entraron en meta bromeando. El canadiense, ausente por lesión en Londres, se llevó en los Juegos de 2016 el bronce en los 100 metros y la plata en los 200, una cosecha suntuosa para un atleta de la quinta de 1994 y cuyos récords personales (9.76 y 19.58) son muy similares a los que el jamaicano acreditaba a su edad. Puede que no tenga su carisma, igual que el francés Jimmy Vicaut no tiene aún la mentalidad para convertir en medallas su tremendo potencial que lo ha llevado, a sus veinticuatro primaveras, a igualar la plusmarca europea (9.86) de Francis Obikwelu.

La nueva perla americana, segundo en Londres, se llama Christian Coleman. Su 9.82 de este verano lo ha colocado en la aristocracia de la velocidad con sólo 21 años. De 1,75 de estatura pero fuerte como el vinagre, es uno de esos esprínteres compactos que los anglosajones denominan «pocket rocket», un cohete de bolsillo capaz de ganar a corredores más espigados y felinos con una infernal frecuencia de pies. Estados Unidos confía en él y en Noah Lyles (19.90 en los 200 metros sin haber llegado a la veintena) para recuperar el trono de la velocidad mundial... con atletas limpios de toda sospecha.

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