“La revuelta popular se sabe cómo empieza pero no cómo acaba”

-Tras casi un año de preparativos, el viernes se celebró el Congreso fundacional. ¿Se cumplieron las expectativas?

-Fue un Congreso exitoso y lleno de entusiasmo. Hubo 550 personas –400 militantes y 150 invitados–, que está muy bien. Aprobamos las dos ponencias –política y organizativa–, se escogió la dirección por unanimidad, hubo discursos de altura y la gente salió satisfecha.

-¿El siguiente paso es la puesta a punto para las elecciones?

-Estamos preparando ya el programa, que no será de 400 folios como ocurre con la mayoría de partidos, sino que se reducirá a 10 ejes fundamentales.

-¿Y el candidato?

-Todavía no hemos pensado ni un minuto en eso.

-¿Por qué?

-Todavía no hay una fecha concreta para las elecciones. El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, no tiene una idea fija sobre la convocatoria de los comicios.

-¿Con qué horizonte se trabaja?

-Si el «procés» no acaba con una situación dura, creemos que habrá elecciones a principios de 2018. Mi ideal no es este, deberían aceptar que el referéndum no se puede celebrar y deberían convocar elecciones ya, y cuanto antes lo hagan mejor. Lliures es el partido del «postprocés».

-¿Y hasta dónde cree que llegará Puigdemont?

-Intentará llevar la movilización al límite para que el Gobierno negocie. Aunque es peligroso, porque la revuelta popular sabes cómo empieza pero no cómo acaba. Puigdemont va a intentar que el Gobierno dé una respuesta desmedida, pero yo creo que el Estado no llegará a este extremo.

-¿Qué espacio quiere ocupar Lliures en esa contienda electoral?

-Lliures es liberal, humanista, catalanista y no independentista. Nace en una situación en la que se han llevado las cosas al extremo con el proceso independentista y no saldremos bien parados. El catalanismo, que ha sido moderado, liberal y no independentista, se ha quedado sin partido. El «procés» ha conducido a la política catalana a la izquierdización y la radicalización, y el PDeCAt se ha convertido en republicano, independentista y socialdemócrata. Está en el desconcierto perpetuo. Ha abandonado su espacio, y por ello es natural que hay necesidad de ocupar este espacio.

-Pero en los últimos años el espacio catalanista se ha estrechado.

-Indiscutíblemente sigue habiendo espacio catalanista. El independentismo es la radicalización del catalanismo. Para defender la lengua o las instituciones catalanas no es necesario entrar en conflicto continuo con el Estado. La mayor parte de los catalanes no quiere ir contra las leyes y están esperando que haya un partido catalanista.

-¿Y qué papel jugaría?

-Nosotros abogamos porque se cumplan las leyes y contraponemos el diálogo y el entendimiento al conflicto y enfrentamiento actual. Trabajaremos por mejorar el autogobierno, que todavía tiene margen, y por reformas que alejen el choque de trenes entre la Generalitat y el Estado.

-Antes ha diferenciado el programa para las elecciones con el de otras formaciones. ¿A nivel organizativo, apuestan también por un modelo distinto?

-Es un modelo nuevo. No podemos reeditar el de los partidos clásicos, que ha quedado sin crédito. Será más sencillo y antiburocrático. Solo dispondrá de un Comité Ejecutivo y una Comisión de Garantías y se reforzará la relación directa entre dirección y militantes. Para ser candidato habrá que tener una experiencia laboral de 5 años fuera de la política, y el régimen de incompatibilidades será muy estricto: los cargos electos no podrán estar en la dirección.

-Espera que el proyecto siga suscitando el interés de algunos ex dirigentes de CDC?

-El viernes estuvieron los ex consellers Boi Ruiz y Pilar Fernández Bozal. Nosotros lo agradecemos, pero ahora son ellos los que tienen que decidir si se acaban integrando en esta formación. En este partido todo el que asuma nuestros principios y tenga una hoja de servicios será bienvenido, tendrá las puertas abiertas.

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