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INTERNATIONAL 1 week hace Elpais 41

Quizá porque uno no recuerda cómo se produjo el recambio generacional cuando era joven resulta más traumático de lo que debiera ceder el testigo a otros. Quizá porque uno no se para a pensar, por ejemplo, que las radios fueron tomadas, literalmente, a finales de los 70 y los 80, por una turba juvenil que en mucho menos tiempo de lo que entonces parecía invadieron el espacio radial con sus músicas, su universo cultural y su tendencia al naturalismo, si es que así se puede llamar a quien trata de expresarse como una persona normal y no impostando la voz para dar la temperatura en el exterior de nuestros estudios. Éramos nosotros, la generación que hoy sobrepasa los sesenta y los que andamos en la cincuentena. Teníamos prisa por hacernos con el micrófono y darle el sonido que correspondía a un país que estaba cambiando. Miro mi caso, pero había muchos como el mío: me senté balbuceante en un estudio a los 19 años y a los 24 ya estaba presentando programas. Cuando logré mi anhelado sueño, el que más he deseado en la vida, presentar un programa en Radio 3, tenía 27 años. 27 y un contrato, un equipo y una responsabilidad. Me pagaban, no sé si acertadamente, para que llenara dos horas con un estilo que no se pareciera al de otro. La voluntad de ser singular era un desafío y una obligación.

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