Yak 42: «Hemos cumplido la misión. La lucha por la verdad está hecha»

«La última vez que hablé con mi hermano fue antes de que se subiera al avión. Iba a quedar con él al día siguiente, el lunes, en Zaragoza y pedí el día libre porque mi otro hermano me dijo “éstate allí que te va a dar una buena noticia”». Ese lunes, el 26 de mayo de 2003, Miguel Ángel Sencianes se preparaba para ir a recoger al sargento 1º del Ejército del Aire José Manuel Sencianes, que regresaba de Afganistán con otros 61 compañeros. La buena noticia era que «se quería casar», pero el telediario se encargó de que fuese mala: «Escuché que se había estrellado un avión que venía con militares. Llamé a la base y tras hablar con sus compañeros supe que se había matado». Ese día, el Yakolev-42 en el que viajaban se estrelló en Trebisonda (Turquía).

Desde ese momento comenzó una lucha –la suya y la del resto de familiares de los fallecidos– para que se conociera la verdad. Advertencias de falta de seguridad no atendidas, cadáveres mal identificados, mentiras, responsables políticos y militares «premiados»... «Queríamos que se reconociera que esos aviones eran inseguros y que se podía haber evitado», dice Sencianes, quien es portavoz de la Asociación de Familiares de Víctimas del Yak, que agrupa a 42 de las 62 familias. Él ya sabía antes del siniestro que el avión no era seguro: «Mi hermano me dijo que algún día se caerá uno de esos aparatos y entonces pararán de contratarlos». La realidad hizo que así fuese. Esa conversación supuso para él «un compromiso para evidenciar lo que me dijo antes de morir».

Durante 14 años han luchado en los tribunales y fuera de ellos para que se reconozca que ese avión nunca tuvo que despegar y ha sido este año cuando finalmente, tanto Defensa como el Gobierno, han reconocido su responsabilidad y que no se veló por la seguridad. Hasta esa resolución de la ministra María Dolores de Cospedal «hemos sufrido de todo: mentiras, incomprensión, acusaciones de que buscábamos sólo dinero... pero al final el esfuerzo ha merecido la pena y nos sentimos con el deber cumplido», asegura.

«La lucha en la vía judicial está hecha, aunque no estemos de acuerdo con la sentencia, y la lucha por la verdad también está hecha», comenta Sencianes, quien considera que «hemos cumplido la misión y la lucha que iniciamos en honor a mi hermano y sus compañeros». Responde a LA RAZÓN desde Barcelona, poco antes de viajar a Zaragoza, donde hoy, como todos estos años, homenajearán a los 62 militares. Con ese reconocimiento de la responsabilidad del Estado, Sencianes tiene claro lo que le diría a su hermano: «Que ha sido un honor haber llevado su nombre, su memoria y denunciarlo durante 14 años en todos los sitios en los que he podido. Ha sido un honor hacer todo por él y sus compañeros».

Una vez concluida esta lucha, la pregunta es: ¿Y ahora qué? ¿Qué es lo que queda? Deja claro que la Asociación estará activa algunos meses más, pero «supongo que diremos que todo se ha acabado este año, por decisión de la asamblea», pero hace hincapié en que aún quedan algunos aspectos para «llegar al fondo del asunto y sacar las conclusiones oportunas para que no vuelva a pasar». «No se trata de buscar venganza, pero no vale sólo con que nos den la razón».

Quieren acabar con la «sensación de impunidad» que sienten por el hecho de que algunos de los inculpados fuesen indultados o premiados, porque «la mejor manera de que haya justicia y paz social es quitarles esos premios», refiriéndose a Federico Trillo, ahora en el Consejo de Estado, o a JavierJiménez-Ugarte, en Marca España. «Porque si esa impunidad subsiste, de cara al futuro hay quien podría decir ante una situación similar: “Puede ser que haya familias que te perseguirán o tendrás que mentir, pero tranquilo que no pasará nada. Mira la que se lió con el Yak y no pasó nada”». Eso sí, reconoce que «esa lucha ya no es nuestra. Está en manos de los políticos».

Su última reclamación se centra en el homenaje «que se merecen». Quiere que el próximo año, con motivo del 15º aniversario, el Ministerio y el Gobierno «tenga en cuenta a estas 62 personas» y que «les recuerden como los compañeros que realmente fueron y que murieron por una negligencia». Confirma que siguen en contacto con el Ministerio, del que destaca ese «cambio profundo que hemos visto, porque era muy complicado que reconocieran que se pudo evitar».

Con ese cambio de actitud se queda y confía en que no desaparezca. Da prácticamente por cerrada una etapa porque «ya no sabemos qué más hacer. Es el momento de buscar la reconciliación». Y, sobre todo, reconoce que «ha llegado el momento de que mi hermano descanse en paz».

Nueve familias seguirán pelando

Pero este mensaje de que la lucha ha terminado no lo comparten nueve familias, que, representadas por la hermana del cabo David García, anunciaron que seguirán peleando: «No vamos a rendirnos, tenemos toda la vida para luchar».

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