La "búnker boda" de Inés Arrimadas

Inés Arrimadas se ha casado esta tarde en las bodegas Luis Pérez, una rara avis de la industria vitivinícola de la comarca porque en sus cavas no envejecen los finos con solera que han dado renombre universal a Jerez de la Frontera sino unos tintos ambiciosos, autodefinidos como «de autor», para cuya producción se ha recuperado el cultivo de la graciano, una variedad de uva que en Andalucía se conoce como «tintilla de Rota». El Gárum y el Samaruco son dos caldos delicados pero poderosos.

En plena negociación previa a la investidura, o no, tenía una incuestionable ligazón política ver a un dirigente de Ciudadanos decir «sí quiero». Fueron dichas las palabras de conformidad, según el guión, pero resultaron sólo válidas para el ámbito privado de la pareja porque no había ningún socialista que reforzase la mayoría con una abstención, siquiera técnica. Estaba Juan Marín, barón centrista andaluz que apuntala con sumisión perruna el gobierno autonómico de Susana Díaz, pero eso es coyuntural, no sirve como representante del PSOE.

Residente en la vecina Sanlúcar, Marín fue el único invitado VIP que llegó en su coche y pudo ser retratado con claridad. «¡Vaya susto! Le he visto la fregona encima de la cabeza y me creía que había venido Puigdemont», relataba con guasa un camarógrafo apostado en la carretera de Trebujena desde el mediodía. Es cierto que comparte (des) peinado con el «president» pero la transversalidad llega hasta la alergia al champú. Ni un paso más.

Quizá la boda se blindó para impedir que nadie extrapolase una respuesta positiva y al fin sin ambages de alguien de Ciudadanos del ámbito amoroso al político, o tal vez los cuadros naranjas, tan celosos por no verse mezclados con los «escamots» de la «ceba» separatista, quisiesen mantener la celebración a salvo de miradas curiosas para bailar una sardana en paz. Al fin y al cabo, se trata de catalanes que no siempre pueden ejercer de tales, tan interiorizado como tienen su papel de trazadores de líneas rojas. Pero tanto intento por «blindar» la boda provocó reacciones en las redes, como la de Rafael Navas Renedo que se quejaba: «Inés Arrimadas se casa ahora en Jerez con medidas de seguridad y cláusulas impuestas a proveedores e invitados propias de una boda de Estado».

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