Atrevido paseo por el arte y la arquitectura de Lisboa

VIAJAR 12-3-2018 Razon 197

Un buen comienzo en el trayecto por la arquitectura y el arte lisboeta podría ser la Fundación Gulbenkian, creada por el magnate del petróleo nacido en Estambul de una familia de mercaderes armenios, Calouste Gulbekian (1869-1955), quien amante de la belleza dedicó su fortuna a reunir una extraordinaria colección en su palacio de la Avenida d´Iena de París que más tarde pasó a pertenecer al Centro Cultural de Calouste Gulbenkian. En 1942 se trasladó a Lisboa y allí vivió en el Hotel Aviz hasta su muerte, legando sus valiosas esculturas, artes decorativas, pinturas y libros a Portugal. Gran parte del Parque Santa Gertrudis se vendía en 1957 a la Fundación Gulbenkian para una construcción rompedora para la época que albergaría el museo, la mejor biblioteca de arte de Portugal, una sala de espectáculos, otra de luces y los sótanos. El jardín es otra obra maestra en sí, quizás en recuerdo al filántropo Gulbenkian, para quien la naturaleza era tan importante como su colección: prueba de ello fue el amor con el que hablaba de su finca en Francia Des Enclos donde había visto florecer los árboles y flores que plantó y que según sus propias palabras superaron sus sueños de belleza salvaje. En 1983 y gracias al proyecto del arquitecto Sir Leslie Martin se añade el Centro Moderno de Arte de José de Azaredo Perdigao, que contiene una valiosa recopilación de arte moderno portugués incluyendo obras de Amadeo de Souza-Cardoso, arte británico, los trabajos del armenio Arshile Gorky y una importante colección de Vieria da Silva y Arpad Szenes.

Entre las obras permanentes destaca arte del lejano oriente, arte egipcio, mesopotámico, griego, de la India, pintura italiana del siglo XVIII, Rubens, Monet, Van Dyck, Rembrandt, las esculturas del Apolo y la bellísima de Diana Cazadora, ambas de Houdon, trabajo en cristal de René Lalique... Las exposiciones temporales traen motivos singulares como aquella de «a través del espejo» donde realidad y ficción se confunden. Hay que resaltar la luz que se cuela a través de los ventanales dejando entrever el cambio de las estaciones que entran a formar parte del interior.

El Parque de las Naciones

Enclave de la exposición mundial de 1998, el Parque de las Naciones transformó al oriente lisboeta en una zona moderna y centro de actividades culturales. Entre sus audaces edificios como la estación de Oriente –de Santiago Calatrava–, el Casino o el Museo de las Ciencias y Tecnología, destaca por su altura de 145 metros, la Torre de Vasco de Gama , hoy convertida en el lujoso hotel Myriad de la cadena Sana, donde disfrutar de gastronomía de primera y las vistas al atirantado puente de Vasco de Gama que cruza el río Tajo uniendo Lisboa con Montijo.

Aún dentro del Parque de las Naciones, ineludible la visita a El Oceanário de Lisboa, que fue elegido en 2017 como el mejor acuario del mundo. Los fondos de todos los mares están representados al detalle de su flora y su fauna en los recintos del oceanário cuyas aguas varían de temperatura en el afán de recrear ambientes acuáticos donde sus especies se sientan en casa.

Parte de la historia de Lisboa está en el empedrado de sus calzadas por donde transitan los legendarios tranvías a los que les está robando protagonismo la invasión reciente de tuc-tucs que, todo hay que decirlo, vienen bien para recorrer las sinuosas callejuelas admirando el apasionante «Street Art».

De fama mundial, al «Street Art» lisboeta se le considera como uno de mas atrevidos y creativos del mundo, tanto que cuenta con un organismo oficial: la Galería de Arte Urbano (GAU). Todo comenzó con la revolución de los claveles en 1974 y en esos tiempos se le consideraba una amenaza que ni de lejos entraba en la categoría de arte, pero a partir de los años 90, su valor fue aumentando hasta el punto de que hoy es uno de los encantos de la capital portuguesa. Proyectos de Pixel Pancho y Vihls hablan del mar y en el trabajo de Vhils se observa cómo destruye para construir, rasgando paredes, hiriendo el muro hasta modelar, entre otras, la imagen del rostro de Amalia Rodrigues en Largo de Sao Tomé-Alfama.

Resulta fascinante ver las paredes animadas por las fotografías de músicos y fadistas de Camilla Watson o encontrarse con la representación de uno de los artistas más significativos de la Lisboa actual, Bordallo II, quien milagrosamente transforma la morralla en animales cuya vehemencia y detalle los convierte en auténticas obras maestras. Hablando de arte, Four Seasons Hotel Ritz, situado en una de las siete colinas de Lisboa, atesora en sus salones una impresionante colección de tapices, cuadros y esculturas contemporáneas.

Junto al Tajo

Un almuerzo en el Mercado de Ourique degustando productos variados y frescos puede completarse con la visita al Centro de Interpretación del Pilar 7 –Puente 25 de Abril– investigando los entresijos de la colosal construcción y disfrutando de las espectaculares vistas del río. Además, es aconsejable pasear por la fábrica de experiencias LX Factory, a los pies del puente, para gozar de instantes oníricos entrando en sus ensoñadores locales. Como colofón, el Centro Cultural de Belém muestra obras del Museo Colección Berardo con figuras del arte contemporáneo como Andy Warhol, Pablo Picasso o Francis Bacon.

Faltan palabras para describir la belleza del Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología, obra del estudio de Amanda Levete. Conectado al edificio de ladrillo rojizo del Museo de la Electricidad, su estructura blanquecina y contorno ondulante se integra en el Tajo como lo haría la Ópera de Sydney en su bahía, y parece que siempre hubiera estado allí, a pesar de ser la más reciente construcción monumental de Lisboa.

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