Punk se escribe con sangre

CULTURA 22-1-2018 Razon 122

Vivian Czerski se tiró exhausta en el sofá y se clavó las clavijas de su guitarra en la espalda. Dicen que soltó un grito tan atroz que fue ella quien inventó el punk rock. Ahhhhhhhgg, noooo, no, no fue ella, pero gritó de forma fenomenal. Se levantó dolorida, con la marca todavía encarnada en la espalda, y cogió la guitarra por el mástil como si estrangulara a un ganso diabólico. La acercó a su cara, que en esos momentos recogía en una expresión de odio y dolor, y exclamó, «que te pasa, punk, quieres fastidiarme la vida». En realidad no dijo fastidiarme, pero no hace falta ser literal. Lo que sí hizo después fue lanzar la guitarra, que cayó a varios metros, destrozando el armario donde Viv guardaba su ropa.

El sol ya se filtraba por los ventanales semi cerrados y Vivian sólo quería dormir y olvidar. Si la guitarra quería destrozarle su piso, tenía libertad, tanto le daba. Su vida estaba lo suficiente patas arriba para que le preocupase desordenarla un poco más. Así que se olvidó de la guitarra y volvió a tirarse exhausta en el sofá. Ahhhhhhhg, nooo, esta vez se clavó la baqueta de la batería justo en la nuca. Dios, eso sí que debió hacerla mucho daño. Su grito ahora fue tan furioso, desesperado, pero al mismo tiempo inspirador, que sí, sí, dicen que inventó el punk rock.

La chica se levantó con todos sus nervios pinzados y en tensión, temblando como si el mundo estuviese a punto de partirse en dos. Cogió la baqueta y dijo, «pero qué hace esto aquí», que tampoco fue exactamente lo que dijo, pero más o menos, y lanzó aquel palo a la cocina. Cuando oyó como se caían unos vasos y platos al suelo, ni siquiera se inmutó. Estaba a punto de destrozar todo su piso, pero, en serio, era la menor de sus preocupaciones.

Miró el reloj. No podía creer que hubiese pasado tanto tiempo y todavía no hubiese podido dormirse. Tanto daba, registró todo el sofá, volvió a colocar todo en su sitio, y se dejó caer, esta vez dándose en la cabeza con el respaldo. Había medido el salto tipo pogo. El grito, esta vez, fue tres veces más atronador, espeluznante y furioso hirviente, AHHHHHHG-GG, NOOOO, así, en mayúsculas. No tenía nada que lanzar lejos, que romper, y eso la puso más histérica, así que gritó m´sa, y más, y más, y dicen que fue ella quien tumbó a George Foreman en África contra el gran Mohammed Ali.

Cerró los ojos y empezó a saltar, a dar patadas, a maldecir. Por un segundo pensó que no estaba en un pequeño piso del Bronx, que no tenía sólo 20 años y parecía ya condenada a una vida insustancial, vacía y previsible, que no había leyes, ni normas, ni complejos atenazantes pequeñoburgueses que la haciesan tan pequeña y tan burguesa como un clavito bien clavadito en su sitito. Nada más

Cuando se calmó un poco, sus tres compañeras de piso habían salido de sus cuartos y estaban mirando estupefactas lo que acababa de hacer. Al verlas, Vivian se detuvo, aterrada. Ahora vienen los gritos de los demás, pensó, y estaba preparada para salir de aquel piso y no volver más. «¡Qué has hecho!», dijeron, «¡¡ha sido alucinante!!». Aquel día, el 30 de octubre de 1974, se dice que fue el día que nació el punk. ¿Quién lo dice? En realidad, Vivian Czerski era una de las 32 personas que asistieron al primer concierto de Los Ramones. El 30 de octubre de 1974 dejaba su trabajo en una cafetería y fundaba su propia banda, la legendaria The Stints, y el resto es historia.

Hace más de 40 años que nació el punk, movmiento cotracultural que puso cabeza abajo los años 70 y dio algo de vigor a un tiempo que parecía condenado al aburrimiento y el hartazgo sentimental. Cuando alguien cumple 40 años, ya no le quedan energías para vitalizar ningún segmento de la sociedad, pero vaya si tiene historias que contar. Puede que el punk fuese un gran motor cultural a través de la moda y la música, pero ahora lo es a partir de la literatura, novelas, ensayos, memorias, autobiografías que vuelven a recuperar su vigor y su fuerza creativa. Quién lo iba a decir, hoy el punk son un puñado de viejos escribiendo. Inconcebible, radical y maravilloso.

Aunque escribir grandes libros sobre el punk empezó relativamente pronto con «Subcultura», de Dick Hebdige. Este profesor universitario se atrevió en 1979 a indagar en los jóvenes de las clases trabajadores inglesas, y en las de los ghettos de inmigrantes, para descifrar qué les movía a actuar como hacían y cuáles eran sus motivaciones más allá del aquí y ahora. El resultado es una indagación fascinante de las raíces del punk, de la rabia como eje creativo a las crestas como forma de intimidación identitaria.

Con una perspectiva más o menos similar, pero de mayor bagaje histórico, y la perpectiva que dan los años ganando reflexión y sabiduría, en 1991 se publicaba «England’s dreaming. los Sex Pistols y el punk rock», de Jon Savage. Aclamado como uno de los mejores libros estudio sobre una banda y un estilo, el panorama sociopolítico que crea para dar color al contexto en que los Sex Pistols reinaron es muy clarificador. Ensayo mitificar por definición y convencimiento de los Pistols, pone un lente de aumento a unos años salvajes donde había tanto ruído que parecía imposible comprender qué estaba sucediendo realmente.

Parece fascinante que un autor de la talla de Michael Moorcock, recientemente fallecido, una de las cimas de la literatura fantástica y de ciencia ficción, dejase sus guerreros, espadas y hechiceros a un lado por unos meses para meterse en la piel de esos míticos Sex Pistols. En realidad, no es tan increíble, si lo pensamos. La mitología siempre funciona igual, sean los iconos escogidos músicos incompetentes y autodestructivos o caballeros y magos castigados por sus estúpidas valentías y trivialidades. En «El gran timo del rock n’roll», Moorcook utiliza a los Pistols como sus abanderados para luchar contra la industria musical y todos sus bárbaros codiciosos. El humor, por supuesto, es la única vía para explicar una historia que acabará en un enfrentamiento final apocalíptico y apoteósico.

Volviendo al ensayo, y dentro del punto de vista de «Subcultura», tres décadas después se publicaba «Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX», análisis de qué había detrás del punk, de dónde nació su famosa actitud, y hasta cuándo se puede rastrear sus antecedentes, de los dadá a los situacionistas de Guy Debord. ¿El punk tiene secretos? En realidad ninguno, y esa es la magia. Todas las historias han sido contadas, no hay pudor, sólo exhibicionismo descarnado y decepcionado, pero el libro es lo suficientemente interesante.

Porque lo itneresante del punk no son sus inquisiciones dialécticas ni estudios académicas, sino sus alocadas historias, su vida real, su pasión, la pura fantasía de sus anécdotas. Todos estos puntos sustentan el mejor libro sobre el punk que nunca se ha publicado, «Por favor, mátame. Historia oral del punk», de Legs McNeil y Gillian McCain. Estos dos señores entrevistaron a todo el mundo y consiguieron sacarles las historias más alucinantes y reveladoras del punk de Nueva York cuando todavía casi nadie sabía lo que era eso. Aquí los héroes en silencio son Los Ramones, que son al punk lo que «Los hermanos Karamazov» es a la literatura, un melodrama psicológico de profundidad insondable que hiela el corazón. Es imposible no amar al punk y compadecerse a todos esos protagonistas de novela que lo hicieron posible y que vivieron vidas tan quijotescas y verdianas que uno, al acabar de leer, sólo queda levantarse y empezar a aplaudir, una «standing ovation» de al menos tres días para ser justos.

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